martes, 18 de enero de 2011

Estados alterados












Karla Ricárdez, Estados alterados, 2010, Instalación/Construcción escultórica en técnica mixta, 
160 x 110 x 100cms. (Cerrado) 180 x 140 x 130cms. (Abierto)

La mente no es homogénea, ni trasparente a sí misma.

Es posible que ignoremos las reales y verdaderas causas de nuestras conductas y estados mentales pues hay un manto que limita y delimita la totalidad del ser en pequeñas fracciones, siendo algunas de ellas inaccesibles a nuestra conciencia. Es posible que sepamos cosas sin saberlas, que deseemos algo sin saber el porqué, que hagamos cosas en contra de la aparente voluntad del ser.


Un individuo es tan complejo y tan desconocido para sí mismo como lo es para el prójimo, escisiones del sujeto imposibilitan la perfecta identidad del sujeto consigo mismo…Una opacidad frustrante rodea la psique del individuo que tiene que desarrollarse fragmentado en un mundo y un contexto de igual condición.
La obra está hecha con la pretensión de exponer aquellas identidades difusas del YO y la complejidad del mismo, significando la pugna eterna entre los estados de conciencia e inconsciencia en la mente del individuo, pretende hacer un retrato simbólico del sujeto, proyectado en un modelo estructural cubico, aquel ente aparentemente unitario que se ve envuelto en la represión que ejercen los múltiples factores externos: sociales, morales o fóbicos, es decir los agentes controladores de la realidad ; el cubo se halla incrustado en una base de raíces que ambivalentemente fungen como armas de sometimiento (del entorno hacia el sujeto) y de protección (del sujeto hacia el entorno).


Cuando se habla de el Yo -o del sujeto para hacer más adecuada la expresión- se habla de una pluralidad, de un conjunto de identidades, que haciendo símil con la figura de un cubo, es observado siempre bajo un encuadre carente de objetividad, siempre limitado ante la mirada subjetiva del espectador, una perspectiva que solo deja ver lo necesario para hacer reconocible el objeto, es decir, vemos un cubo y a pesar de no ver su totalidad se sabe que es un cubo y bajo aquella premisa se observa al sujeto.


En la obra se maneja el concepto de plurivalencia del sujeto y está basado en las tres entidades básicas mentales de la teoría freudiana. Dentro de la estructura se encuentran tres figuras reconocibles que simbolizan los conceptos del Ello, el Yo, el Superyó. Estas tres figuras asumen posiciones determinadas de acuerdo con su función; El Yo está representado por la figura más grande en un gesto de acción y con el frente hacia el exterior, más cerca de la luz que hace alusión a la consciencia; la figura del Superyó esta de frente a la consciencia y al Yo, pero le da la espalda al exterior (la realidad) en un gesto contemplativo y pasivo, evocando su función de instancia moral enjuiciadora de la actividad yoica; y por ultimo esta el Ello que es representado por la figura encogida, de espaldas a la consciencia y en un gesto que evoca no solo disensión sino represión de aquellos contenidos -impulsos necesidades y deseos- más elementales del ser. Por fuera de la estructura se encuentras cinco caras simbolizando la exteriorización del Yo.
Ahora bien, en cuanto a la constitución de la obra añado que está construida en un alma de madera y metal, utilizando otros materiales como papel, textiles y barro básicamente, además de ser desarmable para facilitar el manejo y transporte.










Extensiones probablemente innecesarias


Ahondando en el asunto de la tri-fragmentación del ser mencionare las características básicas de cada una de estas figuras, probablemente sea importante o probablemente no, de cualquier manera ahí va…


Ineludiblemente un individuo no existe aislado. Bajo aquella premisa surge la primer identidad difusa del ser, simbolizando la figura del YO que se encarga básicamente de la acción y la interacción del sujeto con su entorno (realidad).Esta figura se considera el ejecutor de la personalidad, su función es mediar y conciliar ante las tres fuerzas que le exigen: el mundo de la realidad, el Yo y el Superyó desarrollando mecanismos que permitan obtener el mayor placer, pero dentro de los marcos que la realidad permita. En otras palabras tiene como fin cumplir de manera apropiada los impulsos, deseos y demandas del Ello en el mundo exterior, siguiendo el principio de realidad, y a la vez conciliándose con las exigencias normativas del Superyó. Se podría decir que esta entidad es la conciencia que el individuo tiene de sí mismo, sin embargo no es un elemento por completo consciente, pues aunque es responsable de las funciones cognitivas, intelectuales y de interacción, las funciones yoicas de defensa son esencialmente inconscientes.

La segunda identidad difusa simbolizando la figura del Superyó como la parte que contrarresta al Ello y que surge en consecuencia del contacto del sujeto con las normas, en un principio dictadas por la figura paterna. Representa los pensamientos morales y éticos recibidos de la cultura, convirtiéndose en la instancia moral enjuiciadora de la actividad yoica y encargada de la internalización de normas, leyes y prohibiciones. También se encarga de la construcción ideal del Yo edificado bajo la imagen de conductas aprobadas y recompensadas.

La tercera identidad difusa simbolizando la figura del Ello que teóricamente es el núcleo de nuestro ser, el motor del pensamiento y el comportamiento humano, la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad y cuyo único propósito es reducir la tensión creada por pulsiones primitivas de vida y muerte, relacionadas con el hambre, lo sexual, la agresión y los impulsos irracionales y destructivos, el Ello demanda la gratificación inmediata y opera bajo el principio del placer sin considerar las demandas de la realidad.







domingo, 16 de enero de 2011

En virtud del nuevo Blog.

LA VIRTUD


El arte es más complejo de lo que a simple vista parece, es una actividad con carácter plurivalente, un reflejo abstracto de la realidad, una fantasía trasportada a la expresión, a la forma… en la observación inmediata de la obra nos topamos con el carácter unitario y totalitario de ésta, nos topamos con la revelación autónoma de todos los supuestos de las personas, las conciencias, condiciones situaciones y acontecimientos que en ella ocurren, se relaciona con aquella genialidad que conlleva poder lograr la proyección de la humanidad, de la naturaleza y el sentir del hombre…aquella humanidad que al fin y al cabo todos compartimos, la misma humanidad que es la que nos hace identificarnos (a veces sin saber a ciencia cierta el porqué) con la obra, logrando la unidad del fenómeno de la impresión y de la esencia , de la forma y el contenido, es decir, el impacto no sólo estético sino también sensitivo que proyecta la obra al plasmar claramente las premisas y condiciones del ser a partir de las cuales se origina y desarrolla la conciencia de los personajes (o la forma) que representan y que espectan.


Así pues la obra de arte, como dice Lukács, ha de reflejar en condición justamente proporcionada todas las determinaciones objetivas esenciales que determinan la porción de vida por ella plasmada, de tal modo que resulte comprensible y susceptible (no en todos los casos de la misma forma) de experimentarse en sí y a partir de sí, de modo que ésta parezca reflejar una totalidad de la vida (no de manera total-objetiva ni extensiva, sino convincente y plena, expirencial y saciante)


EL CONCEPTO: FORMA Y CONTENIDO


La impresión(contenido) no es algo que lleve inamovible la obra, lo que se puede decir que es ineludible e inherente en ella es la expresión(forma) y es entonces que la obra, ya estando ante el espectador, pare(produce) a la impresión, una impresión que pierde el carácter de inamovible en cuanto se topa con la subjetividad y la mente “en blanco” del espectador, aquel carácter y aquel lazo que íntimamente une al artista con su obra se hace invisible y un nuevo lazo se crea de manera autónoma entre el la obra y el espectador… aquella impresión no puede ser la misma en ninguno de los casos y, sin embargo, la impresión coexiste con la expresión y el espectador crea, imagina, supone…y es ahí donde la obra de arte está terminada…en la mente del espectador.


SIMBOLISMO Y SIGNIFICACION


Hablemos del arte como un estadio en el medio del camino entre el lenguaje y el objeto, como un conjunto de sistemas significativos como lo dice Lévi-Strauss y también como una obra primordialmente cultural y estética que se halla en algún punto entre la imitación y la creación, (pues no es por completo imitación y no por completo creación pues si fuera tal cual, cualquiera de ellas, dejaría de poder llamársele arte)

Entre el leguaje y el objeto:
Puede decirse que se ha extraempleado el termino lenguaje al referirse al arte, y tanto se relaciona de manera automática de acuerdo a esta costumbre, que ésta palabra llega a ser en muchos casos excusa de significación del arte.
Talvez se deba aquella tan arraigada afirmación a una confusión de términos, puesto que lenguaje, no es precisamente lo que define o concierne al arte de manera estricta. Podría decirse que el arte transmite y no por eso se le puede llamar a ese “transmitir” un lenguaje propiamente, pues el arte, es primordialmente significación. Para éste caso encuentro particularmente apropiada una frase de Lévi-Strauss: “El leguaje articulado es un sistema de signos arbitrarios, sin relación sensible con los objetos que pretende significar, mientras que, en el arte, sigue existiendo una relación sensible entre el signo y el objeto”
La obra de arte pretende establecer una relación significativa con el objeto transmitido no en el plano del pensamiento consciente. Un pintor se halla frente al objeto y pretende significar mas allá de el, así como un escritor se halla frente al lenguaje y pretende significar mas allá de la lingüística, la cosa esta bastante complicada pues, hablando de lingüística, semántica y terminología hacemos del arte algo menos especial y lo digo porque al tratar de definirlo, estudiarlo y/o analizarlo dentro de estos términos como a cualquier otro concepto, se le quita cierto perfil, ese perfil que permite que el arte este separado de todas las demás actividades del hombre, aquella peculiar sublimación se disuelve ante nuestros ojos mientras nosotros queremos formularnos y respondernos esta pregunta: ¿Qué es el arte?.