Karla Ricárdez, Estados alterados, 2010, Instalación/Construcción escultórica en técnica mixta,
160 x 110 x 100cms. (Cerrado) 180 x 140 x 130cms. (Abierto)
La mente no es homogénea, ni trasparente a sí misma.
Un individuo es tan complejo y tan desconocido para sí mismo como lo es para el prójimo, escisiones del sujeto imposibilitan la perfecta identidad del sujeto consigo mismo…Una opacidad frustrante rodea la psique del individuo que tiene que desarrollarse fragmentado en un mundo y un contexto de igual condición.
La obra está hecha con la pretensión de exponer aquellas identidades difusas del YO y la complejidad del mismo, significando la pugna eterna entre los estados de conciencia e inconsciencia en la mente del individuo, pretende hacer un retrato simbólico del sujeto, proyectado en un modelo estructural cubico, aquel ente aparentemente unitario que se ve envuelto en la represión que ejercen los múltiples factores externos: sociales, morales o fóbicos, es decir los agentes controladores de la realidad ; el cubo se halla incrustado en una base de raíces que ambivalentemente fungen como armas de sometimiento (del entorno hacia el sujeto) y de protección (del sujeto hacia el entorno).
Cuando se habla de el Yo -o del sujeto para hacer más adecuada la expresión- se habla de una pluralidad, de un conjunto de identidades, que haciendo símil con la figura de un cubo, es observado siempre bajo un encuadre carente de objetividad, siempre limitado ante la mirada subjetiva del espectador, una perspectiva que solo deja ver lo necesario para hacer reconocible el objeto, es decir, vemos un cubo y a pesar de no ver su totalidad se sabe que es un cubo y bajo aquella premisa se observa al sujeto.
En la obra se maneja el concepto de plurivalencia del sujeto y está basado en las tres entidades básicas mentales de la teoría freudiana. Dentro de la estructura se encuentran tres figuras reconocibles que simbolizan los conceptos del Ello, el Yo, el Superyó. Estas tres figuras asumen posiciones determinadas de acuerdo con su función; El Yo está representado por la figura más grande en un gesto de acción y con el frente hacia el exterior, más cerca de la luz que hace alusión a la consciencia; la figura del Superyó esta de frente a la consciencia y al Yo, pero le da la espalda al exterior (la realidad) en un gesto contemplativo y pasivo, evocando su función de instancia moral enjuiciadora de la actividad yoica; y por ultimo esta el Ello que es representado por la figura encogida, de espaldas a la consciencia y en un gesto que evoca no solo disensión sino represión de aquellos contenidos -impulsos necesidades y deseos- más elementales del ser. Por fuera de la estructura se encuentras cinco caras simbolizando la exteriorización del Yo.
Ahora bien, en cuanto a la constitución de la obra añado que está construida en un alma de madera y metal, utilizando otros materiales como papel, textiles y barro básicamente, además de ser desarmable para facilitar el manejo y transporte.
Extensiones probablemente innecesarias
Ahondando en el asunto de la tri-fragmentación del ser mencionare las características básicas de cada una de estas figuras, probablemente sea importante o probablemente no, de cualquier manera ahí va…
Ineludiblemente un individuo no existe aislado. Bajo aquella premisa surge la primer identidad difusa del ser, simbolizando la figura del YO que se encarga básicamente de la acción y la interacción del sujeto con su entorno (realidad).Esta figura se considera el ejecutor de la personalidad, su función es mediar y conciliar ante las tres fuerzas que le exigen: el mundo de la realidad, el Yo y el Superyó desarrollando mecanismos que permitan obtener el mayor placer, pero dentro de los marcos que la realidad permita. En otras palabras tiene como fin cumplir de manera apropiada los impulsos, deseos y demandas del Ello en el mundo exterior, siguiendo el principio de realidad, y a la vez conciliándose con las exigencias normativas del Superyó. Se podría decir que esta entidad es la conciencia que el individuo tiene de sí mismo, sin embargo no es un elemento por completo consciente, pues aunque es responsable de las funciones cognitivas, intelectuales y de interacción, las funciones yoicas de defensa son esencialmente inconscientes.
La segunda identidad difusa simbolizando la figura del Superyó como la parte que contrarresta al Ello y que surge en consecuencia del contacto del sujeto con las normas, en un principio dictadas por la figura paterna. Representa los pensamientos morales y éticos recibidos de la cultura, convirtiéndose en la instancia moral enjuiciadora de la actividad yoica y encargada de la internalización de normas, leyes y prohibiciones. También se encarga de la construcción ideal del Yo edificado bajo la imagen de conductas aprobadas y recompensadas.
La tercera identidad difusa simbolizando la figura del Ello que teóricamente es el núcleo de nuestro ser, el motor del pensamiento y el comportamiento humano, la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad y cuyo único propósito es reducir la tensión creada por pulsiones primitivas de vida y muerte, relacionadas con el hambre, lo sexual, la agresión y los impulsos irracionales y destructivos, el Ello demanda la gratificación inmediata y opera bajo el principio del placer sin considerar las demandas de la realidad.